Todo lo que llevaba apuntado en el cuaderno negro con tanto cuidado se mezcla y de desordena perdiéndose para siempre. Cuando vuelvo a ver ese maldito/bendito cartel, donde Coca-Cola te da la bienvenida, gritando en un haz rojo: Welcome to JApan.
Le tiré una foto, por supuesto, pero de momento me la guardo. Principamente, porque tengo otras cosas que contar.
Es por esa sensación que te llega, cada vez, cuando vuelves a montarte en uno de esos trenes de la Yamanote line, dirección Shinjuku, y te vuelves a enfrentar con tu realidad, los edificios van quedándose atrás y miles de personas entran y salen sin ningún pudor, ningún respeto o reconocimiento. En frente mía, un chico joven dibuja en una libreta a las personas del tren, una mujer despierta al llegar su parada, los anuncios de cocacola light interrumpen la emisión habitual,... vuelvo de nuevo, vuelvo a casa. Y me voy riendo por la estación inmensa, atravesando la Keio street y sus banderas rojas hasta llegar al andén. Mientras espero, miro mi portátil, todas las cosas que quería ir subiendo estos días de atrás y que, se han ido quedando, todas a medio acabar. Parece un edificio en construcción.
Al final, llegué al hotel, pensando en Taskenlander y en Vaneida, sin saber muy bien porqué, creo que tiendo a imaginar que todos son la misma persona. La recepcionista, un clon magnífico que confirma mi teoría, me da las llaves de mi habitación. Cansado, terriblemnte cansado, arrojé las maletas al fondo, sin ninguna piedad y encendí el portatil. Doce mensajes... sigo buscando signos de vida en el Gmail, y sigo fracasando. Decepción tras decepción, decidí salir a la calle, sabiendo que, en el fondo, sigo en pie gracias a ella.
En el jardín hablé con Reiko y sus tacones naranjas. La conté que Wilson, al igual que ella, había muerto, resignado, supongo, y lo que más rabia me da, solo, los médicos no pudieron hacer nada. "Así que eso fue, por eso no volvías... llegué a pensar que te habías olvidado de mi" Hablamos un rato, bastante, sobre todo, de como vivía ella en este barrio, no le acababa de gustar, con esas televisiones antiguas que no paraban de hablar de la muerte de Yoshito Ushi (DEP)... Hablamos de nada, hasta que nos hartamos, y la invité a cenar, por primera vez en un mes.
Luego fuimos a la estación, allí vimos como Raskal terminaba de pintar su nuevo Galios sistem... El tiempo parecía retomar su curso normal, pero sin ellos.
Antes de las doce me llamó mi editor, desde el otro lado del mundo... Japan Tales tendrá que esperar, al menos otro més.
No me importa esperar. Sumida también espera, a que por fin domine el skyline. Tengo ganas de presenciar esa batalla, cuando todo se vuelva aún más verde, aún mas denso. Espero que para entonces, la Keio esté lista. Mientras tanto, llueve, y el aire se limpia poco a poco
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